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No va a figurar en la portada de los diarios. Probablemente nunca será viral. No aparece en la gran cartelera de la final de Mundial Rusia 2018. Lo suyo es el perfil bajo. Casi nunca hace goles. Tampoco asistencias. No baila en los festejos ni declara con polémicas. Pero probablemente si le preguntaran a Didier Deschamps qué jugador suyo no podría faltar nunca en el duelo ante Croacia la respuesta sería simple: N'Golo Kanté.

Kanté, de 27 años, pieza clave del Leicester campeón de la Premier League en la temporada 2015/16 y fundamental en el Chelsea, juega guiado bajo un instinto difícil de explicar, una guía invisible. Es como si estuviera adelantado en el tiempo y supiera de antemano qué es lo que harán sus compañeros y rivales. Para Francia, es mucho más que una rueda de auxilio. Aunque comparte espacios con Pogba y Matuidi, es el que se para más cerca de los defensores centrales (Umtiti y Varane). Desde ahí, se convierte en una especie de adivino que siempre conoce por dónde irá el juego.

Por esa manera de anticiparse, ese talento por saber por dónde irá la pelota, cuáles son los huecos que quedan, en qué momento es mejor presionar, cuándo es preferible volcarse hacia los costados, Kanté es el jugador con más recuperaciones del Mundial, con 48, posición que comparte en lo más alto con Luka Modric. Toca muchas pelotas por partido y suele entregar casi siempre bien (contra Bélgica, en las semifinales, fue el que más pases dio, con 44, y un 90,9% de efectividad). En el torneo, muy pocos jugadores dieron más pases que él: obviamente, Modric, con  412, Kyle Walker, con 379, y Rakitic, con 363.

En las intercepciones se da algo similar: Kanté ocupa uno de los lugares más altos del Mundial, con 19. Solo abajo de Roman Zobnin, con 20. Se trata de una secuencia de juego que le fascina. Evitar que el rival llegue a tomar el balón, ganarle en anticipación, en reacción. Es ahí cuando surge el instinto inexplicable. Cuando ve moverse a los rivales, intuye la dirección del pase, entiende hasta la velocidad con la que irá el disparo del rival. 

Está claro que lo suyo apunta más hacia los laterales o atrás que a la profundidad. A quien más pases le entrega es a los centrales, aunque también se obsesiona por encontrar a Pogba, su aliado en el mediocampo. Descarga rápido y delega funciones creativas.

En la final, habrá muchos focos alrededor de Griezmann, Mbappé y, por supuesto, Modric. Pero es probable que el destino del conjunto de Deschamps quede atado a lo que pase con Kanté. Si mantiene el radar a la altura de los otros partidos del Mundial, todo será más sencillo para Francia.